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Podríamos decir que la masculinidad se ha puesto en crisis a partir del ingreso de las mujeres al mundo laboral y a la par en la lucha constante de sus derechos, los hombres han temido de cierta manera su nueva posición en la sociedad; si bien es cierto los primero intentos por aparecer en contextos políticos causó una gran revolución, no dejaron de ser intentos fallidos, ya que el lugar en el que se ha posicionado el hombre parece ser indestructible, en más de un sentido. Las mujeres se volcaron en un prototipo de feministas radicales, misma circunstancia que provocó ruido en los varones, actualmente lo que propone la mujer es un estado de equidad más que de igualdad, sin embargo se siguen sufriendo estragos importantes que no dejan de movilizar  la masculinidad. 


La gran mayoría de los hombres fueron educados en un sistema familiar en el que el patriarcado, en donde de alguna manera eran dependientes de sus mujeres, sin dejar de lado el control “por la situación”, los referentes de insensibilidad, carácter duro y la poca expresividad, los hizo rígidos en cuanto a la manifestación de emocionalidad, por lo tanto implicaba una dificultad para saber intimar en una relación de pareja. Socialmente este estereotipo de ser hombre les ha generado inseguridad, pues temen que las nuevas demandas y formas de relacionarse en las que implica mayor participación en el hogar o por ejemplo, que se solicita mayor sensibilidad de su pareja, les hace cuestionarse sobre su virilidad, sin importar la clase socioeconómica a la que se pertenezca. En muchas ocasiones observamos que las conductas de poder que se ejercen sobre las mujeres estánrelacionadas con sus inseguridades, pues temen perder ese lugar de control y de conducción de su propia vida y la del otro, en muchas ocasiones parece ser que la desesperación les lleva a ejercer violencia en sus diferentes formas.

Sin duda alguna existe una presión social en los varones, puesto que se espera de él que actúe de cierta manera en la que no se vea expuesta la sensibilidad, la expresión de las emociones, pero justamente esto los convierte en individuos con mayor vulnerabilidad puesto que su falta de relación con lo emocional les hace perder el control y muchas veces recurren al maltrato como una manera de mantenerse en un lugar de poder. Constantemente tiene que demostrar su virilidad a través de los juegos rudos, intereses agresivos, ser promiscuos, exitosos en su trabajo y rechazar todo tipo de actitudes y comportamientos exclusivamente femeninos, puesto que de ello depende la percepción que hombres y mujeres tengan de él. Se someten a pruebas de “hombría” al comportarse como machos dominantes de hembras, generando dependencia y obediencia para que satisfagan sus deseos físicos.

Con la revolución femenina han dejado configuraciones que las coloca en un papel pasivo y de alta dependencia hacía en varón, se han revelado contra la doble moral que les exige fidelidad y se premia la promiscuidad masculina. Las mujeres en la actualidad están reclamando a sus compañeros mayor interés y entrega emocional, más comunicación, un reparto de tareas y responsabilidades por igualdad y relaciones en las que dejen de evitar y se involucren más. A algunos hombres les cuesta trabajo relacionarse de una manera más igualitaria puesto que han heredado comportamientos y actitudes en las que tanto la educación como el contexto social se han encargado de configurar; les es difícil pensarse en otras maneras de relacionarse que no sean a través de la dominación.

Mientras tanto las mujeres se han ido empoderando y el hombre pierde el papel exclusivo de proveedor, dueño de sus posesiones materiales, esposa e hijos, han dejado de ser necesarios para la protección, la reproducción y el mantenimiento de un hogar.

Los nuevos varones apoyan el empoderamiento de las mujeres con las que se relacionan, estimulan el desarrollo intelectual, escuchan las demandas y necesidades de ellas, asumen una actitud de ayuda en las tareas que son percibidas como tareas compartidas dentro y fuera del hogar, buscan mejorar sus relaciones afectivas y nutren el compromiso, enfrentan la angustia que genera la posición de dominante a través de la expresión y manejo de emociones. Estás y otras posturas son nuevas tanto para el hombre como para la mujer, sin embargo es necesario hacer conciencia de este reto al que se enfrenta la humanidad, propiciando así más posibilidades que permitan la equidad y experiencias más justas para uno y otro sexo.

Psic. Myriam Maritza Montes Méndez